Además de todas las demás razones, el software tiene una naturaleza que no acepta ser patentada. La lógica de los programas de computador es una combinación de expresiones matemáticas y verbales, y merece la libertad de palabra.
Hay razones por las cuales nosotros no solo tenemos patentes en cada área de logros intelectuales. Las patentes son otorgadas para motores y fármacos, pero no para literatura, música o pinturas. En teoría, las oficinas de patentes no deberían otorgar patentes para fórmulas matemáticas, y no va a recibir una si usted descubre un nuevo elemento químico o un planeta más lejano que Plutón. Está bien otorgar un monopolio con un tiempo restringido para algunas cosas, pero es imposible para otras.

Las patentes de software restringen la libertad de expresión, y esa libertad es demasiado importante para sacrificarla a "la mafia de las patentes" y a los grandes grupos de presión de la industria. Hay quienes dicen que el software es un trabajo para ingenieros. En la práctica, el software es escrito. Un programa de computador consiste en palabras, números y símbolos matemáticos. Al escribir un programa de computador, nadie debería ser restringido por patentes, que hacen ilegal desarrollar, en cualquier forma, los pensamientos propios.

"La naturaleza del software es que es una escritura, una expresión de ideas matemáticas. Los derechos de autor protegen esta expresión, y lo hacen sin la necesidad de procedimientos caros y que requieran mucho tiempo."
Douglas Brotz, Científico Principal, Adobe Systems (1994)
Tener patentes de software es tan erróneo como expandir el sistema de patentes a la literatura. Con patentes en elementos de narrativa, ninguna película podría ser mostrada sin antes tener que verificar si hay una idea general en el argumento que alguien haya patentado en los últimos 20 años. Aquí hay un ejemplo: A primera vista, "Dirty Dancing" y "Titanic" son películas muy distintas. Sin embargo, si hubiera patentes en elementos narrativos, entonces los creadores de "Dirty Dancing" podrían demandar al estudio de "Titanic". Ambas películas tienen una escena en la que un pobre joven saca a una señorita rica de una fiesta de su nivel social para llevarla a una fiesta de su propio grupo, y ella lo disfruta. "Dirty Dancing" fue presentada tan sólo nueve años antes que "Titanic", por lo que cualquier patente seguiría vigente. Nadie sabe si James Cameron tuvo en mente la escena de "Dirty Dancing" mientras escribía el guión de "Titanic". Tal vez Cameron nunca vio "Dirty Dancing", pero la patente (si existió) podría ser usada en su contra de todos modos.

"El gobierno y los contadores de dinero no pueden obstaculizarnos, ni a nuestros procesos intelectuales-ni siquiera cuando los ejecutamos con la ayuda de símbolos en un papel, o realizaciones en calculadoras, o programas en computadores."
Jim Warren, Junta Directiva, Autodesk (1994)
Todos esos juristas que exigen agresivamente cada vez más patentabilidad deberían pensar únicamente en lo que las patentes podrían significar para su profesión. Un abogado que escribe un contrato para solucionar cierto problema tiene un trabajo que es similar al de un programador. El programador escribe líneas de código de programa que se referencian la una con la otra y que contienen definiciones, y así es un contrato. Los abogados son libres de escribir cualquier cosa que solucione el problema, siempre y cuando no estén robando nada. Los programadores tienen el derecho a la misma libertad.

Los periodistas deberían hacerse la misma pregunta. Mientras la mayoría de los periodistas entienden que las patentes de software son problemáticas, todavía hay quienes creen que las patentes de software son necesarias para proteger los derechos de los autores. El trabajo de los periodistas está protegido por los derechos de autor, como también el trabajo de los programadores. El trabajo de los periodistas no está limitado por patentes que indican cómo estructurar un artículo o por patentes para ciertas frases, por lo que los programadores deberían tener la misma libertad que los periodistas.

Todo lo que pedimos nosotros los críticos de las patentes de software es lo que los escritores y abogados ya dan por hecho. Nosotros no queremos robar nada, pero si creamos algo de manera absolutamente independiente, entonces no queremos que nadie más venga y nos robe con una patente en sus manos.

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